El 10 de agosto de 2026, la Tierra nos recordó que sigue siendo un planeta dinámico. Un fuerte sismo tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y fue sentido en buena parte del país.
Después de un terremoto suelen aparecer muchas historias. Una de las más repetidas es que los animales lo supieron antes que nosotros. Perros que se inquietan. Aves que abandonan un lugar. Caballos que se comportan de manera extraña. Serpientes que salen de sus escondites. Animales que parecen anticipar algo que nosotros todavía no podemos percibir.
¿Será cierto? La respuesta no es tan sencilla. Desde hace siglos existen relatos de animales que cambian su comportamiento antes de los terremotos. En Colombia también se han recopilado numerosos testimonios. Una investigación publicada por el Servicio Geológico Colombiano recopiló 138 reportes de comportamientos animales relacionados con 41 sismos destructivos ocurridos en nuestro país.
Pero una cosa es observar que un animal se comportó de manera diferente antes de un sismo, y otra muy distinta es demostrar que ese comportamiento permite predecir que ocurrirá un terremoto. Hasta ahora, la ciencia no ha encontrado una respuesta que permita utilizar a los animales como un sistema confiable de predicción sísmica.
Sin embargo, hay algo que sí sabemos. Los animales poseen sentidos que nosotros no tenemos o que utilizamos de manera diferente. Cuando ocurre un terremoto se producen diferentes tipos de ondas sísmicas. Las ondas P son más rápidas que las ondas S y pueden llegar antes a un lugar. Algunos animales podrían percibir esas primeras vibraciones unos segundos antes de que las personas percibamos el movimiento más fuerte.
Eso no significa que un perro, un gato o un ave pueda «predecir» un terremoto. Significa algo mucho más interesante: quizás algunos animales puedan percibir señales de un planeta que nosotros no alcanzamos a sentir.
Y ahí aparece una pregunta que nos encanta: ¿cuántas cosas ocurren a nuestro alrededor que no podemos percibir porque nuestros sentidos tienen límites? Tal vez observar a los animales también sea una manera de aprender a escuchar la Tierra. No para convertirlos en adivinos, sino para entender mejor el mundo que compartimos con ellos.


